Aramis Monge

Silvano Gelleni: el niño que repartía baterías

Por Aramis Monge · 26 de octubre de 2026 · Serie «Empresarios en acción», 1 de 4

Respuesta corta: cuando le ocuparon la planta y le congelaron los precios, Silvano Gelleni no cerró ni vendió Duncan. Integró la fábrica, recicló las baterías que le devolvían sus propios clientes y nunca dejó de producir. Su resiliencia no tiene nada de épica: es logística pura.

Retrato de Silvano Gelleni, presidente de Acumuladores Duncan
Retrato adaptado de la portada de Conversaciones con empresarios en acción, Ediciones IESA.

A los ocho años, Silvano Gelleni ya iba en el camión. Acompañaba a su tío, uno de los fundadores de Acumuladores Duncan, a entregar baterías a clientes fuera de Caracas. Cuarenta años después sigue en el mismo negocio, ahora como presidente, y su empresa es la líder de baterías en Venezuela. Entre el camión y la presidencia pasaron una ocupación de planta, dos congelaciones de precios y una crisis que convirtió comprar una batería en una odisea de 24 horas.

Esta es la primera de cuatro historias que tomo del libro Conversaciones con empresarios en acción (Ediciones IESA), donde cuatro empresarios venezolanos conversan con profesores del IESA sobre valores y estrategia. Las reconstruyo con fuentes públicas y las leo desde mi oficio: construir empresas en Venezuela. El contexto de la serie está en lo que me dejó el libro.

Una empresa que se aprendió desde el camión

Duncan nació a finales de los años cincuenta en un depósito modesto, fundada por el padre de Silvano, su tío y un socio. El niño que repartía baterías pasó cada vacación escolar haciendo pasantías en la empresa. Estudió Ingeniería Industrial en el Rensselaer Polytechnic Institute y luego pasó por New York University. Se incorporó de lleno a los 21 años y conduce la compañía desde 1986.

Hay algo revelador en esa secuencia. Gelleni no es un heredero que llegó a una oficina con el apellido en la puerta. Conoció primero el camión, la carretera y el cliente. Aprender a desaprender la comodidad del heredero es, quizás, su primera ventaja competitiva.

El golpe: noviembre de 2013

El 12 de noviembre de 2013 el gobierno ocupó temporalmente las plantas de Duncan en Miranda y de Titán en Aragua «para evaluar los procesos productivos». Una inspección había alegado irregularidades en producción y personal. Se obligó a la empresa a devolver sus precios a la lista de mayo de ese año: una reducción forzada de entre 25 y 27 %. El ministro aclaró que la gerencia seguiría en manos de la misma directiva. La señal, sin embargo, estaba enviada.

En 2014 llegaron los precios regulados. Con ellos, el fenómeno que todo venezolano recuerda: baterías que desaparecían de los anaqueles para reaparecer en manos de revendedores informales a precios varias veces superiores. En 2018 la Sundde volvió a ajustar y congelar sus precios hasta un 70 %, acusando a la empresa de especulación.

La cola de 24 horas

Hubo un momento en que Duncan era, en la práctica, el único fabricante nacional de baterías. Conductores pasaban más de un día en cola frente a sus servicentros de Caracas. El «truco», contaban, era llegar a las dos de la tarde del día anterior, esperar a que se agotara el inventario y quedar de primero en la lista del día siguiente.

Piénsenlo un momento: una empresa que sufre por exceso de demanda y escasez de insumos, no por falta de clientes. Esa es la paradoja de producir bienes esenciales bajo control de precios. El cliente molesto en la cola no es tu enemigo; es la prueba de que sigues siendo necesario.

La respuesta: integrar, reciclar, aguantar

Gelleni no cerró ni vendió. Hizo tres cosas que, vistas hoy, parecen obvias y en su momento fueron valientes.

  1. Integró verticalmente: planta de baterías y planta de plásticos, para no depender de proveedores que ya no existían.
  2. Montó una fundición y una planta de reciclaje que recupera plomo, plástico y agua de las baterías usadas. Cuando importar insumos se volvió imposible, la materia prima estaba en el patio de sus propios clientes.
  3. Construyó una red de 17 centros de distribución que llega a más de 2.000 comercios y 75 centros de servicio en Venezuela y Colombia.

Hoy la planta de Cagua tiene certificación ambiental ISO 14001, la empresa genera 1.500 empleos directos y su catálogo incluye baterías para energía solar y sistemas de respaldo. Una fábrica de baterías para carros que se transformó, sin anunciarlo, en una empresa de energía.

Lo que él dice que lo sostuvo

Constancia, trabajo, compromiso y fe en el futuro. Y una práctica concreta que repite cuando le preguntan: la relación directa y constante con los trabajadores como parte de la cultura. Fedecámaras lo nombró Empresario del Año y EY lo reconoció como Entrepreneur of the Year Venezuela 2024.

Lo que yo viví: 2016 y 2017 sin baterías

Leo la historia de Gelleni desde el otro lado del mostrador. En Mundo Everest somos una empresa de transporte: un camión sin batería no es un activo, es un estorbo en el patio. Entre 2016 y 2017, cuando Duncan era prácticamente el único fabricante nacional y sus precios estaban regulados, conseguir una batería dejó de ser una compra y se convirtió en una operación de inteligencia.

Recuerdo las llamadas a primera hora preguntando qué modelos habían salido ese día, las unidades paradas esperando, los choferes que llegaban a la distribuidora de Los Ruices a hacer la misma cola de 24 horas que describía la prensa. Durante meses planificar la flota significaba planificar las baterías: cuántas teníamos, cuántas podíamos rotar entre unidades, cuáles se podían recuperar. Nos volvimos expertos en estirar la vida de una batería porque no había otra.

La decisión. No paramos la operación. Rotamos baterías entre unidades según la prioridad de cada despacho, recuperamos las que aún daban servicio y reorganizamos la flota para que ningún cliente sintiera lo que nosotros estábamos viviendo en el patio. Y acompañamos a los choferes y al equipo de mantenimiento, que fueron quienes cargaron con la frustración diaria de una unidad que no arrancaba.

El presente. Nunca pensé entonces en lo que vivía el fabricante. Hoy, leyendo a Gelleni, entiendo que mientras yo hacía cola él estaba montando una planta de reciclaje para producir con lo que sus propios clientes devolvían. Vivimos en un país totalmente distinto al de esa época, y seguimos cargando lo esencial: nuestros valores, nuestra empatía y nuestra pasión por el cliente, que es lo que nos reconocen cada día.

Mi lectura desde el transporte

Gelleni es el caso del operador. No hay en su historia una gran jugada financiera ni una expansión internacional espectacular. Hay cuarenta años de fábrica, de reciclar lo propio porque no había cómo importar, y de aguantar la cola de clientes molestos sin dejar de producir.

En logística aprendí algo parecido: la operación que sobrevive no es la más brillante, es la que no se detiene. Lo cierto del caso es que la resiliencia de Gelleni no tiene nada de épica. Es logística pura.

La pregunta que me dejó, y que les dejo: ¿cuál es la pieza de su operación que seguiría funcionando si mañana les cortan los insumos?

Próxima entrega, el lunes 2 de noviembre: Lorenzo Mendoza y el arte de heredar a los 27.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Silvano Gelleni?

Es el presidente de Acumuladores Duncan, la empresa venezolana de baterías que fundaron su padre, su tío y un socio a finales de los años cincuenta. La conduce desde 1986.

¿Qué le pasó a Duncan en 2013?

En noviembre de 2013 el gobierno ocupó temporalmente sus plantas para «evaluar los procesos productivos» y la obligó a bajar sus precios entre 25 y 27 %. En 2014 llegaron los precios regulados y en 2018 la Sundde los volvió a congelar.

¿Cómo respondió Duncan a la crisis?

Sin cerrar ni vender: integró la fábrica de baterías y de plásticos, montó una planta de reciclaje que recupera plomo, plástico y agua de las baterías usadas y construyó una red de 17 centros de distribución. Hoy genera 1.500 empleos directos.

Fuentes

Fuentes públicas consultadas el 16 de octubre de 2026. Las entrevistas del libro prevalecen sobre esta reconstrucción cuando difieran.